Orgullo y prejuicio Y ZOMBIES

Gracia a la compresa de Adamantiun he descubierto esta pequeña obra de arte que como dice el titulo trata sobre una reedición del libro. (Podeis descargarlo aqui)

Normalmente nunca leo nada y por eso con este libro no lo he hecho, yo siempre copio y pego los textos de todo internet, para que me lea la voz de Jorge de loquendo.

El juego me parece más una crítica a las novelas románticas y el toque zombi lo convierte en algo más divertido y tambien se ha anunciado una pelicula sobre el libro.

Como muestra os dejo este hilarante texto:

Cuando las damas regresaron al salón, apenas hicieron otra cosa que escuchar a lady Catherine relatar sus intentos de crear un suero que ralentizara -o incluso eliminara- los efectos de la extraña plaga. A Elizabeth le sorprendió averiguar que su señoría se dedicaba a semejante empeño, pues el intento de descubrir un remedio contra la plaga era considerado el último refugio de los ingenuos. Durante cincuenta y cinco años las mentes más preclaras en Inglaterra se habían devanado los sesos con tal propósito. Lady Catherine preguntó a Charlotte sobre sus labores domésticas con desenvoltura y minuciosidad, ofreciéndole muchos consejos sobre cómo afrontarlas y recalcando que todo debía estar tan perfectamente regulado como en una familia linajuda como la suya. Elizabeth comprobó que nada escapaba a la atención de la elegante dama, quien en ocasiones se dedicaba a dar órdenes a los demás. Durante su conversación con la señora Collins, su señoría formuló varias preguntas a María y Elizabeth, pero específicamente a esta última, sobre la cual sabía menos.

-El señor Collins me ha informado que posee una gran pericia en las artes mortales, señorita Bennet.

-Sí, aunque no llego ni a la mitad del nivel de su señoría.

-¡Ah! En tal caso me encantaría asistir a una exhibición de lucha entre usted y uno de mis ninjas. ¿Sus hermanas están también adiestradas en esas artes?

-Sí.

-¿Se formaron en Japón? -No, señoría. En China.

-¿En China? ¿Siguen esos monjes vendiendo sus absurdos métodos de kungfu a los ingleses? Supongo que se refiere al templo de Shaolin.

-Sí, su señoría, estudiamos con el maestro Liu.

-Supongo que no tuvieron otra opción. De haber tenido su padre más recursos, las habría enviado a Kyoto.

-Mi madre no se habría opuesto, pero mi padre detesta Japón.

-¿Las han abandonado sus ninjas? -Nunca hemos tenido ninjas.

-¡Que no han tenido ninjas! ¿Cómo es posible? ¡Criar a cinco hijas en una casa sin ninjas! Jamás había oído nada igual. Su madre debía de ser una esclava de su seguridad y de la de sus hermanas.

Elizabeth no pudo evitar sonreír al tiempo que aseguraba a lady Catherine que ese no era el caso.

-¿Entonces quién las protegió cuando participaron en su primer combate? Sin ninjas, sospecho que debían de ofrecer un espectáculo lamentable.

-Comparadas con otras familias, supongo que sí; pero nuestro deseo de sobrevivir, y el afecto que nos une, nos permitió vencer sin mayores problemas incluso a nuestros primeros contrincantes.

-De haber conocido a su madre, le habría aconsejado enérgicamente que contratara a un equipo de ninjas. Siempre he dicho que no se consigue nada en materia de educación sin un adiestramiento constante y regular. De haber poseído mi hija una constitución más robusta, la habría enviado cuando hubiese cumplido los cuatro años a los mejores dojos de Japón. ¿Sus hermanas menores han sido presentadas en sociedad, señorita Bennet?

-Sí, señora.

-¿Cómo es posible? ¿Las cinco hermanas presentadas en sociedad al mismo tiempo? ¡Qué raro! Y usted es sólo la segunda. ¡ Las más jóvenes presentadas en sociedad antes de que las mayores se hayan casado! Sus hermanas menores deben de ser muy jóvenes.

-En efecto, mi hermana menor no ha cumplido los dieciséis años. Quizá sea demasiado joven para frecuentar la compañía de personas adultas. Pero creo, señora, que sería muy duro para las hermanas menores no poder divertirse asistiendo a fiestas y reuniones por el hecho de que sus hermanas mayores no tuvieran los medios o el deseo de casarse a una edad temprana. La hermana menor tiene tanto derecho de gozar de las diversiones propias de la juventud como la mayor. ¡Y no hay que obligarla a abstenerse debido a semejante motivo! Creo que no contribuiría a fomentar el cariño entre hermanas o la delicadeza de pensamiento.

-Caramba, manifiesta usted sus opiniones con mucha firmeza para una muchacha tan joven -dijo su señoría-. Dígame, ¿cuántos años tiene?

-Con tres hermanas menores ya muy crecidas -respondió Elizabeth sonriendo-, su señoría no puede pretender que confiese mi edad.

Lady Catherine parecía asombrada de no recibir una respuesta directa, y Elizabeth sospechó que era la primera persona que se atrevía a enojar a una mujer tan digna aunque impertinente.

-Estoy segura de que no debe de tener más de veinte años, por lo que no tiene por qué ocultar su edad.

-No he cumplido aún los veintiún años.

Cuando los caballeros se reunieron con ellas, y después de tomar el té, instalaron las mesas de juego. Lady Catherine, sir William y el señor y la señora Collins se sentaron a jugar a Cripta y Ataúd; y comoquiera que la señorita De Bourgh decidió jugar a Azotar al Vicario, Elizabeth y María tuvieron el honor de ayudar a que la señora Jenkinson reuniera a su equipo. Su mesa era de una estupidez pasmosa. Apenas pronunciaron una sílaba que no estuviera relacionada con la partida, salvo cuando la señora Jenkinson expresó su temor de que la señorita De Bourgh tuviera demasiado frío o calor, o demasiada o poca luz. La otra mesa era mucho más interesante. Lady Catherine era quien llevaba la voz cantante, poniendo de relieve los errores de los otros tres, o refiriendo alguna anécdota sobre sí misma. El señor Collins se dedicaba a asentir a todo cuando decía su señoría, dándole las gracias por cada cripta vacía que él ganaba, y disculpándose si creía que ganaba demasiadas.

Después de derramar por tercera vez una taza de té en su regazo, Charlotte se levantó y se disculpó por abandonar la mesa, sujetándose el vientre y mostrando una expresión acongojada.

-Luego me disculpe, señoría.

Lady Catherine no respondió, y el señor Collins y sir William estaban demasiado absortos en la partida para darse cuenta de lo que ocurría.

Elizabeth observó a Charlotte inclinarse ligeramente y dirigirse renqueando hasta el rincón más alejado de la habitación, donde alzó el borde de su vestido y se acuclilló. Elizabeth se apresuró a disculparse, se levantó y (procurando no llamar la atención) agarró a Charlotte por el brazo y la condujo al lavabo, donde observó a su atribulada amiga soportar durante un cuarto de hora una indisposición tan grave, que el decoro impide abundar en los detalles en estas páginas.

6 comentarios to “Orgullo y prejuicio Y ZOMBIES”

  1. Andresito Says:

    Deberías leer. Se aprende a escribir.

  2. Mechaniloid Says:

    Ya le echare un vistazo,pero no me acaba de gustar.Lastima que no este en PDF,para leer en el portatil es mas comodo.

  3. Mechaniloid Says:

    Vale,pero me dice que no puedo entrar porque no tengo permiso,ya lo leere en word.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: